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Mapeando el espíritu musical, Mississippi Records.

mississippi

Los años 2010 y 2011 han sido profusos en reediciones. Numerosos sellos han cincelado con mayor o menor criterio filones musicales ocultos por el sedimento del fracaso en el mercado, el paso de la historia y las ediciones originales mínimas, descubriéndonos músicas fascinantes a lo ancho y largo de un mundo que, físicamente es cada vez más pequeño, mientras que emocional y culturalmente, es cada vez más inabarcable. Uno de tantos rasgos de la globalización, del total mapeado del planeta, del poder abarcante absoluto del mercado occidental. Parece ser que, obedeciendo con mayor o menor intimidad a la lógica del mercado discográfico unas cuantas de estas recopilaciones buscan nuevos lugares de donde exportar los mismos sonidos: primitivos grupos de garage tibetanos, antárticos o de Massanassa; bandas psicodélicas tailandesas con sonido black sabbath hard-fuzz; toneladas de descubrimientos de afro funk de cualquier esquina africana, desde Níger a Mali pasando por Etiopía; minimal synth de todos los rincones de Europa, desde Talavera hasta el este de Siberia. Debe haber incluso un oscuro disco de dub grabado en Uruguay en los años cuarenta esperando a ser descubierto, la lista se ha hecho interminable. Lo normal es que estas reediciones sigan, musicalmente, los ejes fundamentales del pajillero coleccionista, y es raro cuando sus resultados son uniformemente brillantes, siendo usual  encontrarte compilados con tres temazos y el resto relleno.

En este entorno, y como si fueran una especie de cruce entre Subliminal Frequencies y Folkways, Mississippi Records de Portland ha despuntado en un mercado muy transitado. Entrar en detalle a hablar de sus ediciones es absurdo, ya que son muchas y de calados culturales tan distintos (Highlife africano, rembetika griego, post-punk, blues heterodoxo, gospel, flamenco,
canciones vietnamitas, gamelan…) que nos llevaría un número de páginas exagerado. El que tenga curiosidad, que investigue por su cuenta, son demasiados los nombres como para detenerse.

Nunca da la sensación en este sello de que reediten algo por el valor de su oscuridad discográfica, más bien la música que editan encierra contenidos que atraviesan al hombre desde el principio de los tiempos y son universales. En sus recopilatorios internacionales encontramos una comunión de emociones manifestadas en distintas fechas y distintos lugares, porque de eso va la música que editan, de expresión, no de rareza. El no reconocerse a uno en el mundo circundante, lo insondable de las relaciones humanas, el sexo, los jóvenes y la droga, los no tan jóvenes y la droga, el comportamiento irregular, o el uniforme y universal “la bajona no perdona”. Esta manifestación de emociones intensas perdería mucho interés si el envoltorio musical fuera el de la ortodoxia; estos discos hacen pensar en lo fabuloso de que alguien grabara esas voces cargadas de misterio, esas guitarras que se cagan en el cánon, esas músicas carentes de potencial comercial, pero rebosantes de espíritu, de innegable voluntad de seguir viviendo, hacia arriba y hacia delante, contra todo obstáculo. Editan mandanga potente.

A través de las cumbres y los valles, de los fiordos y las junglas, de las islas  y los continentes, de los porches y las verandas, ahí está el hombre, ahí está la mujer. Y están cantando. Es algo que se hace desde que el hombre se dio cuenta de que, golpear sin demasiada técnica un instrumento le servía para acercarse a otro hombre y decir “ey, menudo mogollón, no?”; es lo que le hizo acompañar sus eventos, funerales y bodas con música; introdujo rupturas en la homogeneidad constante de la vida. La música hace mejor un mundo humano que, sin ella, sin el arte individual y colectivo, el arte que no sale en los libros, es tremendamente insípido. Esto no lo inventó el punk, es una energía infinita, sin principio ni final.

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Al habla, Eric Issacson:

¿Cuándo y con quién empezaste el sello?
El sello empezó, técnicamente, en 2003, con el Lp Duck Duck Grey Duck (el proyecto troner en solitario de Alex Yusimov), la casette The Illegal Guardians (Mi grupo de punk con un cantante de 10 años –del que sólo se hicieron 30 copias), Life during wartime Vol. 1 (un audio zine sobre la brutalidad policial en Pórtland), y el Spooky dance band casette. Todos estos proyectos tenían muy poco que ver, estéticamente hablando, con lo que hemos hecho desde entonces. Yo no tuve ninguna mano en esas ediciones. En 2005, Warren Hill, un amigo de infancia, y yo empezamos el sello tal y como es conocido hoy día, con contribuciones de Alex Yusimov. Alex y yo somos amigos desde hace mucho tiempo, y me ayuda en la tienda también. Todos contribuímos algo a cada aspecto del negocio. El sello empezó sin ningún plan de negocios, ni ningún tipo de profesionalidad a ningún nivel. Empezamos sacando discos inocentemente, y nos sorprendió mucho que la gente los comprara.

¿Qué sellos te inspiraron a hacer este tipo de ediciones?

Soy un fan enorme de la casas Folkways, The Origin Jazz Library, John Store Robert’s Original Music y Sublime Frequencies. Todos esos sellos tienen, de algún modo, una perspectiva visionaria, mística, del hecho de fabricar discos, opuesta a la perspectiva académica o comercial. Nosotros buscamos lo mismo.

¿Qué empezó primero, el sello, o las cassettes recopilatorias?¿las recopilas tú? (Mississippi edita casettes recopilatorias piratonas que son acojonantes. Desde Black Metal hasta punk NY 70’s pasando por gamelan balinés).
El sello vino antes que las casettes por un par de años. Creo que hemos compilado unas 75 en total, de las cuales 60 son cosa mía. Las otras las hicieron o Warren, o miembros del staff de la tienda, o amigos cercanos. La idea de las casettes fue cosa de Karen, que trabaja en la tienda. Hubo una racha que la tienda no iba bien de dinero, y ella sugirió la idea de que si yo hiciera mixes en casette se venderían a patadas y salvaríamos la tienda. Yo pensé que era absurdo, pero hice las primeras cinco casettes en una noche del tirón. Fuera como fuere, vendieron rapidísimo y, desde entonces, las 500 cintas que vendemos cada mes por 3 dólares, pagan el alquiler del local más
que cualquier otra edición que saquemos!!!. Aún no puedo creer que Karen tuviera razón, es muy divertido hacerlas y estoy muy contento de vivir mi sueño de infancia: grabar casetazos y vivir de ello.

¿El primer recopilatorio es Last Kind Words, nos puedes contar la historia de cómo lo hicisteis?
Last Kind Words fue el primer disco de Mississippi hecho por mí y por Warren. El trakclisting lo habíamos pensado en los primeros años noventa, cuando estábamos de viaje por el sur, y el disco lo terminamos en 2005. Se trataba de seleccionar nuestros 78’s favoritos de blues. Estaba personalmente obsesionado con usar sólo canciones que yo sintiera que representaban un balance perfecto entre los sentimientos universales y los personales. Conseguí que mis amigos Chris Johanson y Jo Jackson pintaran la portada,
la idea era darle un aspecto que no lo hiciera parecer un disco de “viejos tiempos” o música nostálgica, como muchos sellos hacen, si no tratarlo como un objeto artístico. El público que buscábamos era gente joven que podría no tener interés en el blues o el folk debido al encasillamiento al que ha sido sometido y las malas asociaciones que puedan tener de él gracias a los Eric Claptons que arrastran la palabra blues por el barro haciéndola algo estéril y sanitario, despojándolo de su verdadero pathos, su furia, su vinagre y haciéndola algo de clase media. También teníamos mucho interés en que la gente tuviera una conexión espiritual o emocional, en lugar de académica, con la música, así que conscientemente no incluímos notas al programa. Era un disco muy pensado para lo que estábamos acostumbrados, consiguió cabrear a muchos puristas del blues que lo encontraron hortera, pero tuvieron que comprárselo aún así porque tenía transfers de algunas rarezas en 78rpm con la mejor calidad de sonido hasta el momento.

Has colaborado en la edición de discos con la gente de Exile Record Store, el tipo de Yeti Magazine, Canary Records, etc… háblanos de la red de relaciones con las que el sello se ha afiliado a través de los años.

Exile Records es la tienda de mis amigos Scott y Lindsey. Scott fue el que dirigió mi atención sobre el “disco misterioso Thai”. Me dio un viejo reel to reel con la música grabada y se negó a darme ningún tipo de información. Aún sospecho que podría ser un disco falso de música Thai grabado por el propio Scott y los Sun City Girls, quienes son muy amigos. Podrían haber hecho envejecer artificialmente la cinta y habérmela enseñado, aunque también podría ser la grabación de una genuina banda psicodélica tailandesa. Ni idea. El editor de Yeti Magazine es Mike McGonigal, tiene un archivo de música gospel alucinante y nos ha descubierto muchísimas canciones con los compilados “Oh Graveyard, you can´t hold me always” y “life is a problem”. Mike tiene más de 70 proyectos (no bromeo) al mismo tiempo, está ahora editando los discos mediante suscripción “Social Music”, una mezcla loca de música Abner Jay, Grouper, Richard Bishop, The Bats, y rollos de los que no tengo ni idea. Le llevo rompiendo la cabeza muchos años por la manera con la que hago negocio y lo que él llama mis asuntos de “pureza”, no obstante aún nos quiere y nos propone colaboraciones a menudo. Dios le bendiga.

Canary Records es un sello que co-creamos con el coleccionista Ian Nagoski, quien tiene numerosas ideas para proyectos que nos propone. Es un tipo muy bien alineado espiritualmente y tenemos mucha suerte de tenerlo en nuestro equipo. En todas estas relaciones siempre prima la amistad, los discos son un subproducto de ésta.

Habéis reeditado The Rats y Dead Moon, en el Chilena somos fans histéricas de Dead Moon ¿tenéis alguna afi liación con la primera escena punk de Pórtland? Música flipante ha salido de ahí: Wipers, Napalm Beach…

Me mudé a Pórtland en 1989 cuando tenía 14 años y he tenido vínculos con la escena punk durante toda mi vida. Soy mucho más joven que Fred y Toody (Dead Moon), los Wipers, los Neo Boys, Count Vertigo y esas bandas increíbles, así que mi conexión vino un poco más tarde. Fred y Toody han sido mis héroes desde hace muchos años, y les estuve incordiando para hacer la reedición de The Rats durante un tiempo, hasta que cedieron.

Estamos trabajando en reeditar el catálogo completo de Dead Moon, Rats y proyectos country paralelos que han tenido. Hace tiempo encontré unos pocos temas sin editar de Dead Moon mientras estaba revisando sus cintas máster, y fue uno de los momentos más felices de mi vida. He estado escuchando esas cuatro canciones una y otra vez desde entonces. Creo que el legado musical de Fred y Toody es tan importante como muchos otros que son reconocidos, y en algún momento el mundo se dará cuenta de ello. Yo creo que sus proyectos son de lo más honesto y crudo que ha dado el rock’n roll. Intocables.

¿De dónde sacas los discos para elaborar vuestros recopilatorios, son parte de tu coleccion personal, o temas que conoces de otras fuentes e intentas encontrar el original cuando decides el repertorio de los discos? Seguramente sean discos realmente difíciles de encontrar y muy caros.

Somos demasiado pobres para mantener la clase de archivo que necesitaríamos para poder editar los discos que hemos hecho hasta ahora. Dependemos fuertemente de coleccionistas que nos prestan los originales, aunque también trabajamos con archivos, como el archivo Alan Lomax o Arhoolie Records para obtener cintas máster de los temas. Fundamentalmente nuestros recopilatorios parten de nuestros favoritos personales, tras una vida de escarbar y rebuscar discos, aunque es raro que los máster que utilizamos sean de nuestra colección personal. Mira, la realidad es esta, somos unos jovenzuelos punkrocker que se han encontrado a sí mismos en la maravillosa posición de poder realizar sus ambiciosos sueños de cuando en cuando, y hay un nutrido número de personas dispuestas a echarnos un cable. No tenemos recursos excepcionales de ningún tipo, sólo un puñado de ideas.

Ya que hablamos de encontrar discos, más que vuestras ediciones de blues y gospel, fundamentalmente música americana, me interesa cómo hacéis las investigaciones y búsquedas para recopilatorios como “Love is Love”, “Lipa Kodi Ya”, “Mortika” la espectacular caja de rembetika griego, o “Mata la pena”. Soy español, y me ha sorprendido mucho encontrar viejos y preciosos temas de Manuel Vallejo o la Niña de los Peines en vuestros discos.

Durante muchos años he estado coleccionando blues/gospel/folk internacional sólo por interés personal. Nunca soñé que acabaría utilizando ese conocimiento de un modo que me pagase el alquiler. Mucho de lo que nosotros hacemos consiste en apoyarse sobre los hombros de gigantes, que antes que nosotros hicieron toneladas de búsqueda e investigación, como Pete Whelan, Chris Stachwitz, John Storm Roberts, Alan Lomax, etc…

Todos los discos que tú mencionas arriba son extrañas amalgamas de temas que Warren y yo nos hemos ido encontrando a través de los años, y anciones que gente con la que solemos trabajar, como Ian Nagoski, han propuesto. Para el recopilatorio “Love is love” y para “Lipa Kodi Ya” tenemos que guiñarle un ojo a John Store Roberts, que nos descubrió la mayoría de esa música.

Vuestros discos suelen ser de tirada corta. Estoy seguro de que lo hacéis para no perder dinero editando discos que luego no vendéis, y no con una mentalidad coleccionista ¿Si un disco tiene suficiente demanda, lo reeditáis?

La “rareza” de Mississippi es un mito en toda regla. Hemos hecho a veces hasta 5500 copias de algunos discos cuando ha habido demanda. Por desgracia, no podemos permitirnos mantener nuestro catálogo en prensa y seguir editando cosas nuevas, así que sólo manufacturamos tantas copias como creemos que podemos vender rápido. Me parte el corazón cuando veo nuestros discos venderse por grandes sumas sólo porque están fuera de catálogo. El propósito de nuestro sello es hacer que ciertos discos, que son absurdamente caros y exclusivos, sean disponibles por un precio asequible. Es irónico que acabemos creando otros artículos d coleccionista por accidente, y eso no me gusta. Pero el hecho es que somos un chiringo muy pequeño, con recursos fi nancieros muy limitados, así que es posible que no haya reediciones nuestras por un tiempo. Sencillamente: es más divertido invertir dinero en un proyecto nuevo, y nosotros siempre tenemos como 50 ideas mirándonos a la cara esperando que les insuflemos dinero para darles vida.

Estoy seguro que sabes que, como vuestras ediciones son pequeñas, no es fácil para nosotros conseguirlas cuando salen y comprarlas; y tampoco editáis cd’s ¿Qué sentís del tráfi co de Mp3? Yo creo que es positivo, ya que disemina vuestra música, aunque vuestro vinilos siempre son productos excelentes, infinitas veces superiores a un simple archivo digital.

Me parece de fábula el libre intercambio de archivos de Mp3 que se da estos días, aunque no participo en él de ningún modo. Esto seguro que, si fuera un adolescente hoy día estaría coleccionando e investigando música gratis como un loco de esta manera, cuando yo era joven se trataba de grabar la música de la radio. Cualquier herramienta que subvierta la industria musical mainstream es amiga mía, y los Mp3 están haciendo un trabajo genial, incluso mejor que el tráfico de musicassettes de los años ochenta.

Creo que, en cierto sentido, vuestros discos tienen un aspecto maravillosamente amateur. No en el sentido de cutre, ya que siempre vienen en carpetas o estuches preciosos, con diseños flipantes, pero no tienen el estilo brillante, industrial y pro que tienen los de algunos de los principales sellos de reedición actuales, que inflan el precio y el aspecto del disco original ¿Cómo os situáis en este mercado?

No puedo juzgar a otros sellos por intentar vivir cómodamente de lo que están haciendo. Nosotros apenas hacemos algo de pasta dado que nuestros precios son muy bajos, y siempre pagamos bien a nuestros artistas y a los archivos. Lo conseguimos porque tenemo vías alternativas de fi nanciación, y porque estamos dispuestos a vivir bastante pobremente. En ese sentido trabajamos más como un sello punk, con la pasión por el producto y la disposición a no salir ganando tanto, que como un sello de reediciones tradicional. Joder, hacer discos cuesta una fortuna.
Mi estilo personal no es pulido ni profesional, pero respeto mucho a muchos sellos que sí lo son –Soundway, Numero Group, Hones Jon’s… Sinceramente, ese aspecto amateur se debe más a mis limitaciones artísticas y a mi escasa voluntad de dejar el desarrollo en manos de otra persona. Nosotros lo hacemos todo en mi casa, con mi amigo Justin Cronin haciendo toda la restauración artística para nuestras reediciones de archivo, y Tim Stollenwerk haciendo el mastering. Si esta manera de hacer las cosas “con las manos en la masa” transmite algún sentimiento de honestidad, es implícito al proceso.

Me encantan vuestras portadas y diseños ¿Quién los hace?

¡Muchas gracias! Los hago yo, y es uno de los lados de la producción en los que más me involucro, mi favorito. Últimamente también Warren ha hecho parte de los diseños, con Ishilan N Tenere encargándose de los libretos, que creo que han quedado preciosos.

¿Cómo gestionáis los derechos, con la clase de artistas seguramente difíciles de encontrar, que vosotros editáis?

Generalmente trabajamos directamente con los artistas o sus familias, pagándoles en metálico y del tirón el dinero acordado. También hacemos muchas licencias de archivos y otros sellos, menos con las grandes multinacionales, de las que no quiero saber nada. Hemos utilizado también algún material que es de dominio público. Parte de la crítica que se ha lanzado contra nosotros por explotar a los músicos está mal informada y procede de cotilleos de Internet. Sin duda hemos hecho algunas ediciones que son legalmente nebulosas, pero siempre hemos querido cubrirnos las espaldas moral y espiritualmente en estos casos. Ningún artista o familiar que ha salido en un disco de Mississippi ha quedado insatisfecho con el trato que le hemos dado. Me parece increíble y me entristece que un pequeño sello que funciona éticamente como nosotros sea atacado en los chat rooms de Internet, mientras los sellos multinacionales explotan contínuamente a sus artistas y las culturas indígenas cuyos discos editan, moviendo millones de dólares.

Hay algunos discos del catálogo que son muy enigmáticos y de los que es difícil encontrar información ¿Qué nos puedes contar sobre ellos?

The Best Of The First Biennale Of Arts & Culture For The Young (1970): Esta serie captó nuestra atención a través de una copia que tenía un amigo de nuestra ciudad. Se grabó originalmente en Mali y contiene música muy poderosa e hipnótica. La bienal fu esponsorizada por el estado, y las bandas que aparecen en el disco son las mejores de cada región del país. Hemos
licenciado la serie completa de seis a Sterns Music, pero ya veremos qué pasa, porque ha sido un disco que ha vendido muy lentamente, aunque creo que es genial.

Bongo Joe: Un favorito mío de hace años. Bongo Joe era un músico callejero, que fue grabado por nuestro amigo Chris Stachwitz en 1968. Vivió fundamentalmente en Florida y Texas. El mundo aún parece no haberse dado cuenta de lo brillante y único que es. Un gran poeta. Su familia hace poco hizo un Museo Bongo Joe en Texas.

Philip Cohran & the Artistic Heritage Ensemble – The Malcolm X Memorial Record: Philip Cohran fue un amigo personal de Malcolm X, y el miembro de la Sun Ra Arkestra que introdujo muchos de los instrumentos exóticos e innovaciones del grupo. Era un activist black power y un líder comunitario en Chicago. Este disco se grabó en su espacio artístico comunitario en 1968. Phil aún toca música en Chicago hoy día, y hablar con él es fascinante ya que salta de temas como la astrología, la ciencia, la egiptología a la cosmología
etc… sus hijos hicieron un grupo llamado Hypnotic Brass Ensemble. Este disco, en su día, pretendió ser un disco conceptual sobre la vida de Malcolm X.

Mississippi es un sello lleno de canciones misteriosas, evocadoras y extrañas de una manera que las hace bonitas. A veces parece que haya una inclinación por letras que se manifiestan desesperadas, en el lado más duro de la lírica folk; ya sean alusiones a la muerte fuertes reclamos de descontento con el mundo, referencias a la droga y a la vida marginal ¿Encaja esto con tu perspectiva del mundo?

Siempre me atrajo música que era inmediata y fuerte, y tenía que ver con la arenilla, el polvo, los tendones de la vida. Me repugna la música de fondo destinada a alejarte de la realidad, a cubrirla. Hablando de la oscuridad de nuestros discos, hay algo que tiene que ve con un principio budista que más o menos hice mío: nunca puedes matar ninguna parte de ti. Hay luz y oscuridad dentro de uno mismo. Esto se manifiesta de una manera potente cuando la cuestión no es cómo matar cierta parte de ti (que no es posible), sino cómo transportar la oscuridad interior hacia lugares en los que es constructiva en lugar de destructiva. La música que habla d sentimientos jodidos y decaídos nos ayuda a darnos cuenta de la universalidad de esos sentimientos, y nos hace sentir menos solos y más conectados con la belleza. Mi naturaleza es de tal modo que los momentos de dolor son los que me han llevado a un mejor entendimiento del universo. Qué le vamos a hacer, no he tenido la suerte de llegar a esta conexión a través de subidones extáticos, aunque me han dicho que también funciona.

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