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Rocket from the Crypt: vuelve la magia

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Justo cuando empezabas a escuchar eso de que los conciertos “ya no son lo que eran” y las giras de reunión ya sólo inducían al sarcasmo. Justo entonces, llega Rocket From The Crypt y publica un mapa.

Cinco cohetes despegando de San Diego y apuntándote directamente a ti. La noticia se extiende en cuestión de minutos y el teléfono empieza a sonar, histérico:

-“¡¡La mejor banda del mundo vuelve!!”

… Y es como si todos tuviéramos veinte años otra vez.

Pocos grupos concitan tanta pasión por parte de unos pocos miles de personas. Y desde luego ninguno cuida tanto a sus fans. Una banda que decidió vender coches, amplis, todo lo que encontraron a mano, para poder regalar una gira gratuita a sus seguidores. Una banda que invitaba a sus conciertos a todo aquel que mostrara el tatu de un cohete en la puerta. El romanticismo del rock and roll llevado a sus últimas consecuencias. Sin fisuras ni imposturas. Ésos son RFTC.

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Con ellos todo ha sido siempre desproporcionado. Durante sus quince años de existencia compusieron y publicaron a ritmo estajanovista –cerca de cien títulos entre álbumes, 7”, compilaciones, picture discs y bootlegs, a razón de un single al mes-. Reventaban escenarios con un rock explosivo y furioso del que siempre se acababa hablando en términos épicos. Desde su eterno posicionamiento como figura de culto en la frontera del mainstream y el underground, Rocket from the Crypt han sido una y otra vez investidos como “la mejor banda del mundo en directo”.

Evidentemente, su público siempre ha respondido de manera igualmente excesiva. Y es que no hay droga que llame tanto a cabalgar sobre tus amigos, a bailar y romperlo todo, que escuchar himnos como “Ratsize” o “I can’t feel my head”. No es música, es magia.

RFTC han actuado en España en dos ocasiones. La primera tuvo lugar a mediados de los noventa en la antigua sala Zeleste de Barcelona, presentando “Scream, Dracula, Scream”. La segunda fue en 2001 en Santa Coloma de Gramenet (Barcelona). Un concierto apoteósico, gratuito y pasado por agua, al que por cierto no pude asistir. Me hablaron de los abrazos y de los moratones, me describieron el éxtasis colectivo… y prohibí a todos que me contaran nunca nada más de aquel día en el que yo no estaba allí. Al propio John Reis le marcó notablemente la experiencia, puesto que hace poco confesaba que todo esto de la gira europea es en el fondo una excusa para volver a visitar Barcelona. Al parecer, la banda catalana Rippers tuvo algo que ver con esto, como relata él mismo en esta entrevista.

Así pues, ¡ojo! porque Speedo planea quemar todas las naves el 6 de abril en la sala Razzmatazz 2, coincidiendo con el fin de esta selecta gira de reunión. Llegarán a nosotros después de tocar en Berlín, París, Génova y Tampere (Finlandia), por lo que es de esperar que nos encontremos la versión más compenetrada y entusiasta de RFTC.

1991, el año en que cambió todo

Como muchos saben, Reis bautizó a Rocket From The Crypt en homenaje al grupo de proto-punk de Cleaveland Rocket from the Tombs, del que luego surgieron los emblemáticos Pere Ubu y Dead Boys. ¿Por qué? Escucha los temas salvajes de la mítica banda de los setenta y verás como todo encaja.

Los inicios de RFTC se remontan a 1990 en la localidad costera de San Diego (California), uno de los puntos neurálgicos de la escena punk y hardcore norteamericana, en parte gracias a todas las bandas irradiadas por John Reis y su círculo –Pitchfork, Hot Snakes, The Sultans, Clikatat Ikatowi, Black Heart Procession, Drive Like Jehu, Back Off Cupids,The Night Marchers… la lista es enorme y daría para muchos otros artículos-.

El primer álbum de RFTC, “Paint as a fragance” (Headhunter, 1991), salió a la luz al mismo tiempo que el debut homónimo de Drive Like Jehu. Ambos grupos son el ying y el yang de John Reis en ese momento. Una banda de rock and roll incendiario y festivo, pero clásico en su planteamiento inicial, y la segunda más cerebral y rugosa, imbricada en la escena post-hardcore de la época. Los dos proyectos ganaron numerosos adeptos desde el primer momento, pero inevitablemente quedaron eclipsados por otro acontecimiento simultáneo: la publicación del “Nevermind” de Nirvana.

Ajenos a la eclosión del grunge en la costa noroeste, y con planteamientos mucho más vitalistas y celebratorios que los taciturnos de Seattle, RFTC incorpora ese mismo año a un saxofonista llamado Paul O’Beirne y apodado “Apollo 9”. Se cuenta que la idea de introducir una sección de metales (muy innovadora en la manera en que ellos la pusieron en práctica) se le ocurrió a John Reis “Speedo” en una época en la que no paraba de escuchar singles de la Stax. Se produjeron en esta época otros cambios en la formación, que finalmente se estabilizó con Adam “Atom” Willard como nuevo batería.

Desde el primer momento, RFTC comenzó a labrar su fama de grupo prolífico con la publicación de un número endiablado de 7”, en los que alternaban canciones más sencillas con otras experimentales, además de numerosas versiones que evidencian la amplitud de miras de la banda y su pasión por los hits que nunca fueron. Bajo la pátina de grupo de apariencia fifties y rock and roll festivo, RFTC fue revelando poco a poco una capacidad insólita para amalgamar rockabilly, soul, garage, trash punk y una creciente influencia de la música africana (de Senegal y sobre todo de Etiopía). Un tótum revolútum resuelto en cientos de canciones que les convirtieron en una banda de culto.

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Pero continuamos con la historia… Inmersos en la recesión mundial de principios de los noventa, que afectó especialmente a Estados Unidos, la banda de San Diego entendía que los chavales no estaban para gastarse mucho dinero en LP’s, por lo que se dedicaron a producir singles a tres dólares con portadas originales y diseñadas con cariño, de ésas que hacen los grupos cuando quieren y respetan de verdad a sus seguidores. Así se desató la locura coleccionista de discos de RFTC. Años después saldrían al mercado tres compilaciones que reunían algunos de estos 7”, ya dificilísimos de encontrar: “All Systems Go” (1993 y 1998) y “All Systems Go 2” (1999) y “All Systems Go 3” (2008).

La caza de las multinacionales

Nacido el mito, era de esperar que los tiburones de la industria musical (especialmente cachonda al comprobar los enormes réditos económicos de la explosión del grunge) empezaran a merodear a RFTC. Una panda de yuppies con maletines intentó tentarles con las mieles del nuevo estrellato “indie” (el mismo falso parnaso que le quitó las ganas de vivir a Kurt Cobain, por cierto).

Reis y los suyos le vieron las orejas al lobo y decidieron firmar por Interscope, sello ni gigante ni pequeño, del que ya formaban parte Nine Inch Nails, Primus y Helmet. La libertad creativa y la cláusula que obligaba a Interscope a publicar también los discos de Drive Like Jehu acabaron de convencerlos, aunque con el tiempo esta jugada tampoco resultó del todo acertada. Les pagaron míseramente y no les prestaron la atención que merecían, ya que el éxito en esas empresas se mide en unidades vendidas y poco más. Es decir, se repitió la historia que afectó a tantas bandas del momento como Jawbox, Girls vs Boys y muchas otras. En cualquier caso, con ellos reeditaron el disco “Circa: now!” (1992) –el primer disco con saxofonista-, y grabaron su primer videoclip  “Sturdy wrists”.

Sin saber qué hacer con tanto material nuevo, en 1995 publican otros tres álbumes. Dos EP’s -“The State of Art Is On Fire” (Sympathy for the Record Industry) y “Hot Charity” (Perfect Sound en USA y Elemental en UK)-, así como el mítico “Scream, Dracula, Scream” (Interscope), en el que ya se incorpora Jason “JC 2000” como trompetista.

Extraído de una canción del excéntrico Wesley Willis, tras ese título transilvano aparecen algunas de las canciones que catapultaron definitivamente al sexteto californiano. Los vídeos de “On a rope” y “Born in ‘69” en la MTV tuvieron también bastante que ver. Mientras, la leyenda de Rocket From The Crypt como “the best live band ever” crecía.  Tocaron en estadios, sí, pero teloneando a Rancid y a Soundgarden. La deliberada, constante y aún vigente resistencia de RFTC a dejarse transformar en algo fácil explica por qué nunca pudieron franquear la puerta de acceso a las audiencias masivas. Tuvieron sus hits, pero siempre fueron himnos delincuentes maquillados con la suficiente habilidad como para no saltar al abismo del “mainstream”.

Después de la publicación de “RFTC” en 1998, la banda de San Diego rompe con Interscope. Es un punto de inflexión importante, porque coincide con la salida de Atom y la realización de audiciones para conseguir a un nuevo batería. Se presentan muchos, procedentes de todas las partes del mundo, pero finalmente es elegido el ex skater Mario Rubalcaba.

El nuevo fichaje -un baterista de energía volcánica- dota de brío renovado al grupo, que publica en 2001 “Group Sounds” en Vagrant Records, con cameo de Jim Dickinson incluido. Es quizás su disco más “afro-punk”, en el que de pronto encontramos temas como “Venom venom”, más que posiblemente inspirado en el “Ere Mela Mela”, del cantante etíope Mahmoud Ahmed. Es un disco, en suma, lleno de reminiscencias: a las secciones de vientos de Fela Kuti, a las guitarras de los Byrds y los Wipers… e incluso a los ritmos de Tito Puente. En “Group Sounds”, RFTC suenan más vigorosos y libres que nunca, funcionando al borde de la explosión mecánica. Este álbum les hizo ganar una segunda oleada de fans, que habían llegado hasta la música de John Reis a través del disco de Hot Snakes -el atómico “Automatic Midnight”-, publicado en el año 2000 en el sello del propio Reis, Swami Records.

“Live from Camp X-Ray” (2002, Vagrant Records) es su última grabación discográfica hasta la fecha, puesto que el día de Halloween de 2005 RFTC se despidió de sus fans con un concierto en San Diego que luego se editó en CD, LP y DVD bajo el título “R.I.P.”.

El retorno a los escenarios que se nos anunció en diciembre no vendrá necesariamente acompañado de un nuevo álbum, aunque Speedo se reserva el derecho a cambiar de opinión a su manera; es decir, por sorpresa y sin más explicaciones. Mientras esto no ocurre, sólo nos queda prepararnos para el que probablemente sea el mejor concierto de 2013, en el que la palabra reunión (esta vez sí) cobrará verdadero sentido. Quienes nos reunimos somos nosotros con ellos; les hemos echado de menos.

Rocket From the Crypt actúan el 6 de abril en la sala Razzmatazz 2 junto con la banda catalana Biscuit en la fiesta de V aniversario de La Castanya. Podéis comprar aquí las entradas.

El 22 de enero de 2013, The Night Marchers, proyecto actual de John Reis y otros dos miembros de Hot Snakes, publicó su segundo disco, “Allez Allez”. De nuevo, una clase magistral de elegancia y conocimiento rock’n roll.

Artículo escrito por Marta Moreira.

Twitter: @Marta_Moreira_

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